Para un país con las características geográficas de Chile, el transporte aéreo representa un servicio fundamental para la conectividad y el acercamiento de personas, abastecimiento de productos, el fomento de actividades como el turismo y el acceso a otros servicios como salud y educación. El rol clave de la aviación quedó de manifiesto durante la pandemia, período durante el cual se mantuvieron operativos los vuelos indispensables para el traslado de vacunas e insumos médicos, productos de primera necesidad y personas que debían desplazarse por causas urgentes. 

Transcurridos tres años desde dicha crisis, la industria aérea ha experimentado una creciente recuperación. En el caso de Chile, durante 2023 se superarán los niveles de pasajeros transportados en vuelos nacionales registrados en el periodo previo a la pandemia, quedando aún el desafío de recuperar completamente los viajes internacionales. 

La aviación comercial chilena posee la flota más moderna de América Latina, es una industria competitiva, innovadora y atenta a las tendencias mundiales relacionadas con las nuevas tecnologías y la sustentabilidad. Reconocemos asimismo la labor del sector público que ha desarrollado una buena red de aeropuertos y aeródromos, condición habilitante para que se produzca una buena conectividad nacional e internacional. Es así como no sólo el aeropuerto de Santiago permite realizar vuelos internacionales, sino que recintos como el terminal aéreo Carriel Sur en Concepción, por ejemplo, ofrecen también conectividad a otros países directamente desde regiones, favoreciendo la descentralización.

Los recientes Juegos Panamericanos constituyeron otra oportunidad para demostrar la importancia estratégica de la aviación comercial. Las líneas aéreas que operan en Chile atendieron, de manera segura y oportuna, a los miles de deportistas, cuerpos técnicos, familiares, periodistas y turistas que nos visitaron. Fue necesario adaptarse para transportar equipos deportivos delicados y, en muchos casos, de grandes dimensiones. El servicio aeroportuario estuvo a la altura del desafío y las autoridades aeronáuticas, de migración y otros servicios públicos reforzaron sus dotaciones para otorgar fluidez a los trámites, en una muestra de eficiente colaboración público-privada. 

Para el futuro, esperamos que nuevos segmentos de la población puedan acceder a la aviación comercial, lo que será posible de conseguir si se mantiene una regulación clara y estable que permita continuar invirtiendo en este rubro, en un proceso de mejora continua, en beneficio de todos los chilenos. 

Carolina Simonetti de Groote

Gerente General de la Asociación Chilena de Líneas Aéreas (ACHILA)

 

Fuente: La Segunda